Fallece D. Antonio Legua, que fue párroco de Alcaine durante once años (1984-1995)

Las grandes obras de rehabilitación de la iglesia de Alcaine en 1994 se hicieron siendo él su parroco

Don Antonio Legua Serrano nació en el vecino municipio de Cortes de Aragón en el año 1941 y ha fallecido a los 79 años, celebrándose su funeral en Muniesa (de la que fue párroco y residió durante años) este sábado 25 de abril. Ordenado sacerdote en 1966 ejerció y vivió su ministerio como párroco de varios pueblos tanto del Arciprestazgo de Montalbán como del de Albarracín. Queda en el recuerdo de muchas personas de todos esos pueblos -y no sólo feligreses- como ejemplo de buena persona y gran corazón. El comentario de Isabel Gracia, paisana de Cortes, lo expresa bien: «Nos ha dejado un gran sacerdote y maravillosa persona, humilde, caritativo, muy humano, siempre con una sonrisa y unas palabras o consejos acertados y llenos de dulzura«. Era párroco emérito de La Hoz de la Vieja y fue sacerdote de Oliete durante muchos años dejando un recuerdo imborrable al igual que en Josa, Plou, Guadalaviar, Maicas y en Alcaine. La Diócesis de Teruel y Albarracín celebró las Bodas de Oro Sacerdotales de Don Antonio hace apenas 4 años, en junio de 2016.

D. Antonio, en su ordenación sacerdotal (1966) y en la presentación de un libro de Arte Rupestre en la iglesia de Alcaine.

Fue cura de ALCAINE desde 1984 hasta finales de 1995 y en el año 1994 se realizó, siendo D. Antonio el párroco, la mayor obra de rehabilitación de la iglesia con la consolidación de todas las paredes, bóvedas y techumbres del templo, así como la iluminación y las ventanas de alabastro. Fue embaldosado el suelo y se restauró toda la torre completa, colocando en el Chapitel un pararrayos. El coste de esa obra ascendió a más de 22 millones de las pesetas de esa época (133.000€)

Mosén Antonio Legua, rezando ante un altar en El Planillo durante la procesión del Corpus (Alcaine, 1991) Foto: M. Candial

Un comentario

  • D. Antonio, gran sacerdote, transmitía su amor a Jesucristo, hombre de profunda fe y amor a la Virgen. Sacerdote alegre, servicial, humilde, buen compañero y todo bueno que se pueda decir de él se queda corto.
    Dios le habrá ya premiado como a su siervo bueno y fiel. D. E. P

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