La brigada municipal de Alcaine y 2 voluntarios, desentierran del río la palanca de hierro para cruzarlo y la recolocan junto a la Costera del Fraile.

Además, hubo que arrastrarla, entre los cinco, a mano río arriba unos 20 metros. Ya está instalada de nuevo.

El Ayuntamiento de Alcaine destinó la mañana del martes a los tres miembros de la brigada municipal (Cipriano, Fernando y Sergi) a realizar un trabajo que se complementó con la participación de dos Voluntarios de Alcaine (José Miguel y JM). Tras la localización, hace unos meses, de la pasarela semienterrada en el lecho del río, a unos 20/25 metros de su ubicación de siempre, ha habido que esperar un tiempo a que bajara menos caudal por el río, para proceder a retirar toda la grava que la cubría y las zarzas y hierbas que la tapaban.

Con azadas y palas y metidos en el río (con el agua a 17º) se procedió a ir retirando todo el material (grava, ramas, hojas) que la cubría en 3/4 partes. Cuando ya se quitó en gran parte, entre las cinco personas se giró de lado para que acabara de desprenderse todo el material acumulado.
Ahora tocaba la labor más dura: subir aguas arriba la palanca a mano entre los cinco. Hubo que hacerlo a tirones al unísono, avanzando en cada movimiento unos 40 cm. hasta que se consiguió llegar al punto. Tras un descanso, se procedió a limpiar de vegetación los pies donde asentarla, haciendo un murete de piedras. Poco a poco se fue girando la palanca y levantarla hasta colocarla sobre los pies, calzando bien la base. Tras ello, se ató uno de los extremos a una sirga de acero con perrillos para cable (asegurada a un tronco de un chopo) para evitar que una futura riada se la lleve de nuevo, Así la ladeará a la ribera, pero quedará allí sujeta.

Con esta acción ya están de nuevo recolocadas las tres palancas para cruzar el río sin mojarse (la del Prau, ésta y la del río Arriba). Como siempre, GRACIAS A LOS QUE LO HAN HECHO POSIBLE.

La iglesia de Alcaine recibe un cuadro de San Agustín, donado por una familia y restaurado por una alcainesa.

Restaurado por María Pilar Quílez, es una representación del mundo agustiniano.

El cuadro era de la familia de Jordi Adam Andreu y lo tenía en casa su prima Rosa Benito Andreu. Pasaron los años y con mala fortuna el cuadro se cayó de las escaleras donde estaba colgado, rasgándose el lienzo por varios sitios y decidió guardarlo en un trastero. Pasado un tiempo le comentó a la alcainesa María Pilar Quílez (esposa de Jordi) su intención de regalarlo y ella que ha estudiado Bellas Artes, se comprometió a restaurarlo y entregarlo para la iglesia de Alcaine.
María Pilar ha estado trabajando en el cuadro con la minuciosidad requerida, en el taller de restauración al que va desde que se jubiló, por espacio de unos cinco meses hasta dejarlo perfecto, realizando un magnífico trabajo.

Qué mejor fecha que el 28 de agosto, día de San Agustín -Patrón de Alcaine- para formalizar la entrega a la parroquia. Así que al final de la misa, el sacerdote oficiante Luis Sierra y el diácono Isaí Zarza (responsable de la parroquia de Alcaine) dedicaron un momento para bendecir el cuadro, que se exhibía sobre un atril en el lateral de acceso al altar y sacristía. El lugar elegido para colgarlo será en la capilla del Santo Patrón. Finalizada la misa, el matrimonio oferente del cuadro, el sacerdote y el diácono, y las autoridades posaron junto al lienzo que representa a San Agustín de Hipona, una de las figuras más importantes de la Iglesia católica y de la filosofía occidental.

En el cuadro, San Agustín ocupa el eje principal de la composición, vestido con el hábito negro tradicional de su orden monástica y luciendo un halo de santidad sobre su cabeza. Sostiene en su mano derecha un libro, símbolo de su inmensa obra teológica, sus escritos y su condición de Doctor de la Iglesia. En su mano izquierda sostiene una pequeña iglesia o maqueta arquitectónica, que representa su papel como protector o fundador de comunidades eclesiásticas. Abajo en la parte inferior izquierda aparece un niño arrodillado junto a un pequeño hoyo en la arena, sosteniendo una concha con la que intenta vaciar el mar, echándola en un pequeño agujero. Esta escena hace referencia a una famosa leyenda sobre San Agustín, en la cual un Niño celestial le demostró la imposibilidad de abarcar el misterio de la Trinidad con la sola razón humana. En la esquina superior izquierda, entre nubes, se vislumbra una visión divina que representa a la Trinidad (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo), conectando la reflexión terrenal del santo con el plano celestial. El paisaje muestra elementos arquitectónicos y montañosos. De autor desconocido, es una creación posiblemente de un taller que reprodujo esa iconografía muy presente en la época barroca.

Instante de la Bendición por parte del sacerdote Luis Sierra, durante la Misa de San Agustín