La iglesia de Alcaine recibe un cuadro de San Agustín, donado por una familia y restaurado por una alcainesa.

Restaurado por María Pilar Quílez, es una representación del mundo agustiniano.

El cuadro era de la familia de Jordi Adam Andreu y lo tenía en casa su prima Rosa Benito Andreu. Pasaron los años y con mala fortuna el cuadro se cayó de las escaleras donde estaba colgado, rasgándose el lienzo por varios sitios y decidió guardarlo en un trastero. Pasado un tiempo le comentó a la alcainesa María Pilar Quílez (esposa de Jordi) su intención de regalarlo y ella que ha estudiado Bellas Artes, se comprometió a restaurarlo y entregarlo para la iglesia de Alcaine.
María Pilar ha estado trabajando en el cuadro con la minuciosidad requerida, en el taller de restauración al que va desde que se jubiló, por espacio de unos cinco meses hasta dejarlo perfecto, realizando un magnífico trabajo.

Qué mejor fecha que el 28 de agosto, día de San Agustín -Patrón de Alcaine- para formalizar la entrega a la parroquia. Así que al final de la misa, el sacerdote oficiante Luis Sierra y el diácono Isaí Zarza (responsable de la parroquia de Alcaine) dedicaron un momento para bendecir el cuadro, que se exhibía sobre un atril en el lateral de acceso al altar y sacristía. El lugar elegido para colgarlo será en la capilla del Santo Patrón. Finalizada la misa, el matrimonio oferente del cuadro, el sacerdote y el diácono, y las autoridades posaron junto al lienzo que representa a San Agustín de Hipona, una de las figuras más importantes de la Iglesia católica y de la filosofía occidental.

En el cuadro, San Agustín ocupa el eje principal de la composición, vestido con el hábito negro tradicional de su orden monástica y luciendo un halo de santidad sobre su cabeza. Sostiene en su mano derecha un libro, símbolo de su inmensa obra teológica, sus escritos y su condición de Doctor de la Iglesia. En su mano izquierda sostiene una pequeña iglesia o maqueta arquitectónica, que representa su papel como protector o fundador de comunidades eclesiásticas. Abajo en la parte inferior izquierda aparece un niño arrodillado junto a un pequeño hoyo en la arena, sosteniendo una concha con la que intenta vaciar el mar, echándola en un pequeño agujero. Esta escena hace referencia a una famosa leyenda sobre San Agustín, en la cual un Niño celestial le demostró la imposibilidad de abarcar el misterio de la Trinidad con la sola razón humana. En la esquina superior izquierda, entre nubes, se vislumbra una visión divina que representa a la Trinidad (el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo), conectando la reflexión terrenal del santo con el plano celestial. El paisaje muestra elementos arquitectónicos y montañosos. De autor desconocido, es una creación posiblemente de un taller que reprodujo esa iconografía muy presente en la época barroca.

Instante de la Bendición por parte del sacerdote Luis Sierra, durante la Misa de San Agustín

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